53. No pude protegerte
Cuando estaba a punto de desnudar a la mujer, un ruido seco retumbó en el pasillo. Pisadas.
Gritos.
Un disparo lejano.
El rostro del hombre cambió de inmediato.
—No es posible… ¡Mierda!
Apuntó su arma directo a la sien de Rashel y la usó como escudo humano.
Su cuerpo contra el de ella, su brazo cruzado en su pecho, la pistola temblando en la línea de su cráneo.
Pero Rashel no reaccionó, era un cadáver vivo en los brazos de su enemigo.
La puerta reventó de una patada.
Valerik entró como un hur