33. La cajita de los deseos
Satarah mira alrededor sin importarle las banalidades, lo único que quiere ver es algo que le indique si su hija está ahí.
Un juguete quizás, la risa infantil o cualquier tipo de desastre que lo delate pero simplemente ve el sitio impolutamente limpio y ordenado mientras Svetlana la guía hasta el sofá.
Siente que sus piernas están temblando al igual que sus manos y si no se calma pronto tendrá un ataque al corazón.
Es aún peor que el sentimiento que le provocaba ir a los orfanatos porque hay un