34. Ella vive
—¿Qué carajo haces ahí arriba? Te puedes caer —gruñó Dimitry cuando la vio subida en una silla tambaleante.
—Estoy tratando de colocar la Malen’kaya korobka aquí arriba del closet, nadie la verá. Así que nuestros deseos se cumplirán ¡Mierda!
Ella estuvo a punto de caerse, sin embargo, Dimitry fue más rápido atrapándola en el aire.
Su pecho se ciñó al suyo, sus rostros estaban a pocos centímetros de distancia y Satarah tragó saliva cuando su aliento se mezcló con el de Dimitry.
Sus manos habían