130. Nuestros hijos...
Él hizo todo de él para mantenerse tranquilo y no irrumpir en el baño ahora mismo.
El pensamiento del agua deslizándose por la perfecta figura de su mujer lo desquiciaba, más aún por el roce que habían tenido sus cuerpos.
La noche anterior no había podido decirle nada, pero era momento de llevarla a casa a donde ella pertenecía y mostrarle a su hija.
Sabía lo mucho que durante esos cinco meses Satarah debía haber sufrido. Lo único que quería hacer en su vida era protegerlas.
Ava también había su