—¿Cómo? —dijo él, incrédulo.
Sara percibió de inmediato la mirada sorprendida de él y no dejó que eso pasara desapercibido.
—¿Pensaste que no lo descubriría? —cuestionó, abriendo una sonrisa fría. —Realmente me subestimaste, Renato.
Cruzó los brazos.
—¿No te bastó todo lo que me hiciste… y aun así pensaste que me encontrarías igual? ¿Una tonta e ingenua que caería en tus palabras?
Las palabras salieron duras y sin una sola gota de vacilación.
—Sé muy bien que Lorena está esperando un hijo tuyo