Los días que siguieron hicieron que Sara se mantuviera casi todo el tiempo en su habitación. Sin los anteojos, era imposible salir de allí o intentar hacer cualquier cosa sola. Además, quería evitar a toda costa encontrarse con Constança por la casa.
Quedarse encerrada en aquel cuarto dejaba sus pensamientos acelerados, principalmente cuando recordaba la propuesta que Renato le había hecho. No es que estuviera dividida —ella no tenía ninguna intención de aceptar aquello—, pero la idea de volver