Sara Lemos.
Vi los ojos de Renato chispear como fuego. Sabía que no debía haber dicho aquello, pero él me apretaba el brazo con tanta fuerza que tuve la certeza de que, si no decía la verdad en ese momento, las consecuencias una vez más recaerían sobre mí.
Cuando terminé de responder, la presión de sus manos en mis brazos disminuyó. Entonces se apartó, giró el rostro y se quedó mirando la ventana del lado del conductor, en silencio.
Yo no lo conocía de verdad, pero sabía, en ese momento, que es