Sara se detuvo en ese mismo instante, viendo la máscara de su madre caer frente a ella. Era eso, lo sentía con una certeza dolorosa: su madre nunca había cambiado. En el fondo, Soraya seguía siendo la misma, usando las palabras para herir, provocar, intentar invertir la situación. Y eso solo reforzaba aún más su decisión. Algunas personas no cambian… y ella ya no necesitaba insistir en algo que nunca existió de verdad.
—Piensa lo que quieras. Para mí no importa… tus palabras ya no me lastiman.
S