Lorena era plenamente consciente de que Constanza no la apoyaría de inmediato, pero no esperaba que la mujer fuera tan dura al punto de intentar reducirla a nada.
Por un segundo, sus ojos vacilaron, pero no bajó la cabeza.
—Usted está cometiendo un error —dijo, confiada. —Yo ya la ayudé mucho con Renato.
Constanza soltó una risa corta, llena de desprecio.
—El error, quien lo está cometiendo aquí eres tú —replicó, fría. —Por creer que puedes desafiarme… y peor aún, por creer que algún día vas a