—Escucha aquí, vieja entrometida… Si de verdad le gustara esa mujercita, no la habría echado de aquí. Y mucho menos habría venido a consolarse conmigo —disparó con desprecio. —Y hay más: si sigues con esa historia de que yo tuve algo que ver con lo que hizo tu adorada Sara… —Ella se inclinó un poco hacia adelante, con los ojos brillando de furia. —Haré que nunca más abras esa boca en tu vida.
—¿Me estás amenazando, Lorena?
—Tómalo como quieras —respondió ella, con sangre en los ojos.
Las dos se