Mundo ficciónIniciar sesiónVioleta es abandonada el día de su boda, mientras su prometido Hugh se casa con otra mujer, destrozada y humillada, pronto recibe la visita de Sebastián Hesant, padrastro de su ex prometido, quien busca vengarse de su hijastro, pues él ha intentado acabar con su vida, para quedarse con su fortuna y su mujer, sediento de venganza, Sebastián le propone a Violeta que se vuelva su aliada para acabar con la maldad de Hugh y castigarlo por su error, para hacerlo, ella deberá convertirse en la joven esposa del magnate Sebastián Hesant ¿Podrá Violeta ser una esposa por despecho? ¿Qué pasará si descubre que detrás de la severidad de Sebastián hay un hombre apasionado, con ganas de amar?
Leer másPor Sebastián Hesant Han pasado seis años desde que nos mudamos a Puerto Rico, me gusta el lugar, acostumbrarnos a esta vida fue fácil, los amigos vienen a visitarnos seguido, he podido agradecer a todos los que me ayudaron a recuperar mi vida. Cuando recuerdo todas las veces que estuve a punto de la muerte, siento solo respeto, volví tantas veces, renací por amor, solo por volver a ella, siempre cumplí, veo su rostro, duerme a mi lado, no solo es la mujer más hermosa, también es mi amada, la dueña de mi corazón. Hoy es un día especial, aún no quiero levantar a mi mujer, se ha esforzado tanto por el cumpleaños de nuestros gemelos que solo quiero que descanse un poco. Veo mi móvil, Seraphyna me dejó un mensaje, ella y Rori están por llegar, se casaron hace cuatro años, ambos han terminado sus carreras, Rodrigo se convirtió en un gran físico, y da clases en un colegio, Seraphyna ahora se dedica a ser modelo e interactúa en redes sociales, ellos siguen viviendo en Florida, pero nosotr
Después de pasar el fin de semana en la playa volvieron a casa. Violeta extrañaba mucho a sus hijos, apenas llegó los arrulló y los cuidó, estaba sanos y tranquilos, creyó que sus hijos eran dos pequeños ángeles, dulces y pacíficos —Violeta, quería decirte que Rori y yo queremos hablar contigo y con papá, ¿Podrías acompañarnos al salón? —dijo Seraphyna Violeta la miró intrigada, asintió y dejó a los niños durmiendo, luego bajó al salón. Sebastián ya estaba ahí —¿Qué sucede? —exclamó ella —No lo sé, los chicos me tienen muy intrigado —dijo Sebastián—. Vamos, chicos, cuéntenos todo, por favor. —Bueno, Sebastián, quiero… quiero pedirte oficialmente, la mano de Seraphyna, queremos casarnos. Sebastián estaba impactado, igual que Violeta, no esperaban tal noticia —Pero, ¿Qué dices? Rori, Seraphyna, están apresurándose, ¿No lo crees? —exclamó ella —Hermana, sé que pensaran que somos muy jóvenes, pero no es así, este ti
Sebastián estaba en el altar, vestía su traje elegante, no sabía que sucedía con él, sus manos temblaban, su frente sudaba, estaba nervioso, y era tan raro sentirse así, cuando escuchó las campanas de la iglesia resonar, y miró a todos los invitados, fijó su mirada en ella, lucía tan hermosa, y creyó que era imposible que Violeta fuera más hermosa, pero ante él estaba un ángel, una preciosa reina.Sonrió y sus ojos brillaron, ella caminaba al lado de su hermano Rori, su vestido era como en sus sueños de adolescente, era una novia, ahora era una esposa por amor, y no más por despecho, llegó al altar y tomó el brazo de su amado esposo—Te amo.—Te amo —dijo Sebastián sin dejar de mirarla con amorEl sacerdote comenzó a oficiar la misa, Pablo y Verónica les entregaron los anillos de oro, e
Pablo entró a aquella habitación, pudo ver la silueta de su padre, estaba sentado en una silla, mirando por la ventana.Una enfermera recibió a Pablo—Bienvenido, señor.—Gracias, ¿Cómo está? —preguntó Pablo por su padre—Bueno, es la hora de su comida, pero no ha tenido mucho apetito, ahora no ha tenido muchas alucinaciones, ha tenido buenos días, esperemos que el medicamento tengo un buen efecto, parece en un trance catatónico, pero, su conciencia fluctúa, así que no estamos seguros de nada.Pablo asintió y lo miró—¿Puedo darle la comida yo?La enfermera sonrió, y asintió despacio.—Claro, ¿Quiere que los deje un momento a solas?—Por favor, si pudiera ser posible, lo quisiera. —dijo PabloLa enfermera asintió—Aví





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