Dejando a Maia en el cuarto de la hija, Théo caminó rápidamente en dirección al cuarto donde el abuelo estaba hospedado; sin golpear la puerta, entró y encontró al viejo frente al espejo, arreglando la corbata.
—¿Qué cree que está haciendo? —Joaquim preguntó, nervioso, al ver al nieto entrar sin pedir permiso.
—Yo debería hacerle esta pregunta. —Replicó irritado. —¿Qué piensa que va a ganar intentando quitarle a Maia a su hija?
—Yo no estoy intentando nada. —Respondió, fingiendo no entender.
—N