Maia no podía creer lo que acababa de oír, ¿cómo podía decir aquello cuando estaban en medio de una conversación seria?
—Para con eso, Théo, no es momento para bromas. —Advirtió.
—No estoy bromeando. —Afirmó serio.
Aunque quisiera censurarlo, no sabía cómo hacerlo. La mirada penetrante de él la dejó tan desconcertada, que ninguna palabra venía a su boca.
Era incapaz de creer que aquel hombre pudiera realmente gustar de ella. No por sentirse inferior o indigna de conquistarlo, sino porque ya hab