Llegando al cuarto, donde Maia estaba con la hija y la cuidadora, Théo entró sin demostrar ningún tipo de nerviosismo.
—¿Cómo están las cosas por aquí? —preguntó educadamente.
—Todo en orden. —Respondió Maia, preocupada, sintiendo que algo no estaba bien.
—¿Hola, tío? Estoy dibujando con la tía Júlia. —Lis mostraba los lápices de colores en sus manos.
—Qué bueno, princesa, después quiero ver tu dibujo. —Pasó la mano sobre la cabeza de la niña, delicadamente.
—Voy a hacer un dibujo para usted, ¿