PRIMER ACERCAMIENTO

El coche se detuvo frente al elegante edificio que Sebastián había alquilado. Alejandra respiró hondo, intentando calmar el nudo en su garganta. Todo había ocurrido demasiado rápido: el despido, la traición de Daniel, la firma del contrato, y ahora la primera noche compartiendo techo con un hombre al que apenas conocía.

—Aquí es —dijo Sebastián, mientras bajaba del auto y extendía su mano para ayudarla.

Ella dudó, pero aceptó el contacto. Su corazón se aceleró al rozar su mano. Había algo en su porte que la hacía sentir vulnerable, evaluada, expuesta.

—Gracias —susurró, tratando de sonar firme.

—No hay de qué —respondió él—. Espero que estés lista para las reglas básicas.

Al entrar al departamento, Alejandra se quedó sin aliento. Era elegante, amplio, perfecto… y frío. Sebastián la condujo a su habitación y luego la de él, con la explicación clara:

—Por ahora, vamos a “parecer esposos” ante ciertos invitados mañana. Así que vamos a dormir en la misma habitación. Nada más.

El corazón de Alejandra dio un vuelco. ¿Dormir juntos? ¿El mismo cuarto que él? Su mente se llenó de pensamientos que la hicieron sentir mareada y nerviosa.

—¿Cómo… cómo funcionará eso? —preguntó, con la voz temblorosa.

—Cada uno tendrá su espacio —respondió Sebastián, calmado—. Solo asegúrate de que no parezca falso. La gente debe creer que somos un matrimonio real.

Alejandra tragó saliva, intentando recomponerse mientras llevaba su bolso a un rincón de la habitación. Cada movimiento que hacía parecía observado, y el calor que sentía en su pecho era casi insoportable.

—Bien… —susurró, más para sí misma que para él—. Lo haré.

Esa noche, mientras la lluvia golpeaba los ventanales, Alejandra se recostó en la cama intentando mantener la distancia física, pero no pudo evitar que su respiración se acelerara cada vez que Sebastián se movía cerca. Él era imponente, seguro, y aunque no decía nada inapropiado, su mera presencia la hacía sentir vulnerable y nerviosa.

Ella intentó concentrarse en su respiración, cerrando los ojos, pero cada sonido: el roce de su camisa, su mano al alcanzar algo sobre la mesita, el crujir de la cama, la hacía tensar los músculos y sentir un calor que no sabía controlar.

Él la observaba en silencio, notando cada gesto de incomodidad y ansiedad. Aunque no sabía nada sobre su vida personal, dedujo que ella no tenía compromisos, que estaba sola, que cada reacción reflejaba vulnerabilidad mezclada con fuerza interna. Esa combinación la hacía perfecta para el trato… y peligrosa para su corazón.

—No tienes que mirar —dijo él, con voz baja—. Solo quiero que descanses.

Alejandra asintió, sin levantar la vista. Su corazón latía con fuerza, y sentía que cada segundo en la misma habitación era un desafío para mantener la compostura. Cada vez que él se acercaba, aunque fuera para acomodar algo en la mesa de noche, sentía un escalofrío que le recorría la espalda.

La tensión se volvió casi palpable. No había palabras entre ellos, solo un silencio cargado de significado, donde cada respiración, cada movimiento, cada mirada podía interpretarse de mil formas. Alejandra sabía que debía mantener distancia, pero su mente y su cuerpo no podían evitar reaccionar a su presencia.

—Duerme —dijo Sebastián, finalmente recostándose en la cama a una distancia respetuosa—. Mañana será un día largo.

Alejandra respiró hondo, intentando ignorar los latidos acelerados de su corazón. La habitación estaba en silencio, pero la sensación de que cada segundo compartido aumentaba la tensión era imposible de ignorar. Esa primera noche juntos prometía ser más intensa de lo que había imaginado, y ambos sabían, aunque ninguno lo dijera, que esos seis meses no serían sencillos… ni neutrales para sus emociones.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP