Los días comenzaron a repetirse.
Demasiado parecidos.
Demasiado silenciosos.
Pero con una diferencia clara.
Ahora…
había algo más en medio de ellos.
Algo que no se nombraba.
Pero que estaba.
Presente.
Como una tercera sombra.
Invisible…
pero imposible de ignorar.
Alejandra dejó de mirar la caja.
Porque ya no estaba.
Pero eso no significaba que hubiera desaparecido.
Seguía ahí.
En su cabeza.
En la forma en que Sebastián revisaba el teléfono.
En cómo salía más seguido.
En cómo ya no coincidían ni