LO QUE NO SE PREGUNTA... TAMBIEN DUELE
La caja siguió ahí toda la mañana.
Intacta.
Como un objeto fuera de lugar en un espacio que ya de por sí se sentía distinto.
Alejandra no la tocó.
No porque no quisiera.
Sino porque sabía que abrirla…
haría todo más real.
Sebastián tampoco dijo nada más.
Salió temprano.
Como si no hubiera notado el peso que había dejado sobre la mesa.
Como si no supiera…
que Alejandra lo había entendido todo.
Pero sí lo sabía.
Y por eso se fue.
El día avanzó lento.
Demasiado.
Alejandra intentó distraerse.
Orden