Mundo ficciónIniciar sesiónA sus veinticinco años, Layla Russell podía decir que lo tenía todo. Una carrera impecable como actriz, galardones que la convirtieron en una de las mujeres más destacadas de la industria del cine en Hollywood y un novio que parecía perfecto. Layla no podía estar más equivocada y el golpe llegó la misma noche de su compromiso con Parker; ese día descubrió que lo que su perfecto novio sentía por ella no era amor, sino un deseo insano de arruinar su carrera. ¿Cómo iba a conseguirlo? Plantándola en el altar. Pero Parker no tuvo en cuenta que no era el único hombre interesado en la bella Layla. Y mucho menos que sería su padre quien viniera a su rescate. Y así, Layla pasó de ser su prometida a convertirse en su madrastra.
Leer másLayla aceptó la copa de champán que educadamente le ofreció el mesero. Bebió un pequeño sorbo, observando a cada personaje reunido esa noche en el salón. Desde políticos, empresarios y artistas. El motivo era ella y la fiesta de compromiso con Parker, hijo del magnate del cine. Nathan Coleman.
Parker, como ella, también era actor y modelo. Uno de los artistas más cotizados después de ella.
Parker era bueno, pero la experiencia de Layla era indiscutible, siendo que su carrera había empezado cuando apenas tenía dos meses de vida y desde entonces hasta ahora no se había detenido.
Todo el trabajo de años se vio recompensado al ganar de manera consecutiva el Globo de Oro a mejor actriz y la guinda al pastel llegó al ser reconocida con la estatuilla más codiciada en el medio. Un Óscar que no solo la catapultó a la cima, sino que también despertó los celos entre sus compañeros.
Layla levantó la mirada; había tanta gente en el lugar; sin embargo, una sola mirada le quemaba la nuca. Se giró con lentitud, esperando encontrarse a Parker vigilándola desde alguna esquina; no fue así.
No había rastro de su prometido y habían pasado quince minutos desde la última vez que se encontró con él.
—¿Qué pasa, Lay? —preguntó Livi, su mejor amiga—. ¿Puedo ayudarte en algo?
Layla negó con la cabeza; fue un movimiento elegante, sutil.
—No he visto a Parker desde hace un rato —respondió, tratando de sonar relajada. Después de todo, era su fiesta de compromiso, ¿dónde iría sin ella?
—¿Parker?
Layla asintió.
—Lo vi hace unos quince minutos entrando al ascensor; dijo que tenía una sorpresa para ti.
Layla frunció el ceño. Parker no le había comentado nada, aunque si era una sorpresa… no se lo diría; sin embargo, consideraba que no era momento para eso. Tenían invitados que atender.
—¿Sabes a qué número de habitación subió?
Livi pareció pensarlo; se demoró unos segundos que parecieron una eternidad.
—No —respondió finalmente—. Pero puedes preguntar en recepción, quizá es lo que espera que hagas —la animó con entusiasmo.
Layla sonrió, asintiendo con moderación.
—Gracias, Livi, iré a buscarlo. Si mamá o Claire preguntan por mí, diles que ahora vuelvo —pidió, saliendo del salón sin esperar una respuesta de su amiga.
Los tacones golpeaban las baldosas con firmeza. Llegó a la recepción y, una vez que tuvo la información, atravesó la estancia, yendo al ascensor. Layla no era una mujer que disfrutara de las sorpresas. Su vida había sido práctica, entregada a la actuación sin más motivación que las presiones de su madre.
Su incentivo era quedarse sin cenar durante una semana si no obedecía. Layla no quiso recordar. Aunque, desde la opinión pública, ella no era más que un cajero automático para sus padres.
La mina de oro de la familia Russell.
Apartó esos pensamientos cuando salió del ascensor, sintiéndose observada. Layla miró hacia todos lados, pero el pasillo estaba desierto, no había ni un alma, excepto una puerta entreabierta. Y, aun así, la sensación se mantenía allí.
Un escalofrío le recorrió la columna; los vellos de la nuca se le erizaron. Layla se dio prisa para encontrar la habitación y pedirle a Parker que bajara y se ocupara de los invitados antes de que los medios se hicieran una idea equivocada. Hasta hoy, su carrera no había tenido una sola noticia de desprestigio, aunque en más de una ocasión intentaron relacionarla con hombres poderosos.
Ninguna de esas falsas noticias consiguió afectar su carrera, más sólida que los cimientos de ese lujoso hotel.
—Sinceramente, no sé cómo has hecho para soportarla todo este tiempo…
Layla se detuvo al reconocer la voz de Hanna Ward, una de las actrices de reparto en la última filmación.
—No ha sido fácil, pero si quiero apagar su estrella, no tengo otra opción. Layla es actualmente la actriz más cotizada de Hollywood, pero apenas me case con ella… todo cambiará.
Layla apretó las manos con fuerza; su columna se tensó al escuchar a Parker hablar de ella como si fuera su enemiga y no su prometida.
—Entonces…, ¿siempre vas a casarte con ella?
—No tengo otra opción; cuando la tenga en mi poder, su suerte va a terminarse, Hanna. Voy a hundir su carrera y en unos años, nadie va a recordarla.
La risa de la mujer heló la sangre de Layla al darse cuenta de que su boda con Parker no tenía nada que ver con el amor; lo tenía todo fríamente calculado. El corazón se le estrujó en el pecho.
Podía esperar envidia de sus colegas, pero jamás de Parker. Creyó que entre ellos realmente había amor. Si no fuera tan práctica, ahora estaría de rodillas, quebrándose delante de esa puerta. Pero ella no había llegado a donde estaba, mostrándose débil. Terminaría su relación con Parker con ese momento.
Su mano se aferró al pomo de la puerta, decidida a enfrentar a aquel traidor.
—Si no te estuviera escuchando, no lo creería. No cabe duda de que eres un gran actor; los has engañado a todos, sobre todo a Layla. Pobre mujer, tan necesitada de amor que no se ha dado cuenta del alacrán que eres.
Parker se rio del comentario y Layla decidió escuchar hasta el final antes de que notaran su presencia.
—No siento pena —respondió Parker, besando a su amante, deslizando su boca por el cuello de la mujer.
—Bueno, tengo algo, una idea mejor —dijo Hanan, emocionada—. ¿Quieres escucharla?
—Soy todo oídos, querida.
—No hay necesidad de que te sacrifiques casándote con ella, Parker.
—¿No?
—Por supuesto que no, convertirla en tu esposa no es la solución. Solo el inicio de problemas.
—Hanna.
—Tendrás a la familia Russell sobre ti todo el tiempo, como los chupasangres que son. Para Colton y Aria, Layla solo representa dinero. Tu padre tiene mucho, ¿qué te asegura que ella realmente no esté contigo por interés?
Un denso silencio llenó el pasillo; Layla podía escuchar los latidos de su corazón latiendo con fuerza, tronando en sus oídos.
—Para arruinar su vida y su carrera, solo tienes que dejarla plantada en el altar y la prensa se la comerá viva.
—¿Plantarla?
—Sí. Hasta ahora, Layla ha tenido una carrera muy limpia, ni una sola mancha, ni un solo escándalo. ¿Te imaginas lo que va a suceder si llega a la iglesia y tú no te presentas?
Layla apretó los labios, sintiendo el óxido metálico de su sangre.
—Será tendencia en todas las plataformas digitales, no tendrá donde meter la cabeza. Ya pudo disfrutarlo —agregó Hanna.
—Eres muy cruel, Hanna —musitó Parker, como si él fuera mejor—. Pero eso significa que mi nombre estará envuelto en el escándalo, mi padre…
—Tu padre es un hombre importante, Parker. Él limpiará tu desastre.
Layla dio otro paso, pero antes de atravesar el umbral, una fuerte mano se cerró sobre su brazo. Levantó la mirada para encontrarse con el rostro serio de su suegro.
—Ven conmigo —ordenó con frialdad y, sin esperar respuesta, se la llevó.
89. ConfesiónJustin miró al hombre con burla.—¿Eso crees? —preguntó, dándole un derechazo en la mejilla izquierda.Wyatt se revolcó de dolor sobre el húmedo pavimiento.Justin tomó el celular y marcó el número de Ava. Como era de esperar, la mujer no demoró en atender. Dejando claro que esperaba cualquier reporte que tuviera que ver con Layla.—¿Has conseguido algo más? —preguntó. La emoción en la voz de Ava le hizo sentir malestar estomacal.Wyatt quejó, intentando alertar a la mujer. Justin lo silenció con otro golpe directo al estómago.—¿Qué pasa, Wyatt? ¿Por qué hay tanto silencio? —preguntó Ava con urgencia—. ¿Te descubrieron?Ava resopló con fastidio mientras esperaba que su hombre dijera algo. Incapaz de soportar tanta incertidumbre, volvió a hablar:—¡Maldito seas, Wyatt, dime algo! —gritó.—Lamento informarle, señora Ava, que se ha quedado usted sin espía.El silencio llenó la línea.Ava apartó el teléfono de la oreja y lo miró como si temiera que en cualquier momento fuer
88. ¿Eras feliz?Justin maldijo al ver la escena, no esperó a que el auto se detuviera, bajó a toda prisa, ganándose un insulto del conductor que ignoró.—De aquí en adelante, me haré cargo yo —vociferó, tomando la mano de Layla, apartándola de Kevin.—Lo siento, no fue mi intención tocarla. Está mareada por el vino —explicó Kevin rápidamente a su cuñado para aligerar el tenso ambiente.Justin no respondió.—¿Puede ir sola, señora Coleman? —preguntó, apartando las manos de ella.—Sí —musitó ella, sintiendo que algo no estaba bien del todo. No había bebido una botella de vino, fueron unas dos o tres copas, aunque también podía culpar a la abstinencia.Desde que se propuso ser madre, no había bebido una sola gota de alcohol; sin embargo, hoy no había sido posible rechazar la invitación de los señores Rottman. Una fue por conocerse, la otra por trabajar juntos y la última copa fue por los buenos deseos para el proyecto.—Lamento no haber llegado a tiempo —se disculpó Justin, abriendo la
87. Te extrañoLayla subió al auto que ya la esperaba en el aeropuerto, acompañada por Kevin y Justin. El transporte era cortesía de la compañía con quien había firmado para ser su modelo principal en la nueva colección de joyas.No iba a quejarse del trato, ni de la seguridad. No había un solo paparazzi alrededor. Ni periodistas. O eso es lo que Layla creía. En la distancia, desde algún lado del aeropuerto, había un hombre siguiendo sus pasos.Ajena a la situación, Layla trató de relajarse. No era la primera vez que salía con Kevin por trabajo, pero había cierto nerviosismo e inquietud en su corazón.Desde las fotos que se publicaron de ellos juntos. Los medios no desaprovecharon ninguna oportunidad para hacer ciertos comentarios casuales.Era incómodo; sin embargo, Layla se prometió aguantar los pocos meses que faltaban para tomar su tan ansiado descanso. Y entonces, le pediría a Nathan que le buscara un nuevo manager. Que no tuviera nada que ver con ella para que su trato fuera mer
86. Fui yo quien te fallóBella parpadeó varias veces para acostumbrarse a la claridad de la tarde que se filtraba por la ventana; su cuerpo estaba cubierto con una manta vieja, pero limpia. Sus ojos se sentían pesados, producto del llanto. Tenía la impresión de que no volvería a sentirse completa nunca más.No solo se sentía traicionada por Ava, sino que también se sentía tonta. Estuvo años pegada a su tía, como si realmente fuesen madre e hija, y nunca se dio cuenta de que no era buena.Jamás se dio cuenta de que era manipulada por ella, que siempre hacía lo que Ava le pedía y lo peor es que nunca necesitó mucho para convencerla. Siempre estuvo dispuesta a hacer lo que quería. Solo para corresponder su amor.—Ha despertado, señorita Coleman, ¿cómo se siente? —preguntó Elijah, moviéndose sutilmente para quedar en el campo de visión de Bella.Ella arqueó una ceja, estaba sorprendida y confundida hasta que recordó que Elijah la había seguido hasta su guarida y no solo eso. La sostuvo e





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