La puerta de la habitación se cerró con suavidad.
Pero el sonido…
retumbó más de lo que Alejandra esperaba.
Se quedó de pie unos segundos.
Sin moverse.
Sin respirar profundo.
Sin hacer nada.
Porque si hacía algo…
iba a sentirlo.
Y en ese momento…
no quería hacerlo.
Se sentó en la orilla de la cama.
Las manos entrelazadas.
La mirada perdida.
No lloró.
No reaccionó.
Pero por dentro…
algo se estaba acomodando.
Algo definitivo.
Porque lo que había visto…
no dejaba espacio para interpretaciones.
No