El despacho de la mansión de noche tenía una quietud distinta a la del día.
Dante estaba en el sillón con un vaso de whisky que llevaba veinte minutos sin tomar. Valentina entró sin llamar, lo cual le dijo algo sobre cómo habían funcionado siempre en ese espacio. Dejó una carpeta sobre el escritorio y se quedó de pie.
—Tenemos que hablar de Isabel —dijo.
Dante levantó la vista.
Ese nombre lo alcanzó diferente a los demás. No como los objetos de la mansión, que generaban reconocimiento sin histo