Dante abrió los ojos y lo primero que vio fue luz blanca.
Demasiada. El tipo de luz que duele aunque no sea intensa, cuando los ojos llevan meses sin usarse. Parpadeó varias veces. El techo era liso, claro. El sonido era constante y mecánico y venía de algún lado a su derecha.
Intentó moverse. El cuerpo respondió mal, con esa rigidez pesada de algo que estuvo demasiado tiempo quieto.
Había una mujer en la silla junto a la cama.
Dormida, con la cabeza apoyada sobre el brazo doblado en el borde.