Dante no la había mandado a irse.
Eso, en sí mismo, ya era algo.
Valentina se había vuelto a sentar en la silla después de que Marcos saliera, y los dos habían quedado en un silencio que no era exactamente hostil pero tampoco era cómodo. Dante la miraba con esa calma calculada que ella conocía demasiado bien aunque él no lo supiera. Evaluando. Buscando la fisura.
Valentina dejó que mirara.
Tenía los ojos todavía húmedos y no hizo nada por disimularlo. El llanto real era la mejor cobertura que t