Dante no dijo nada. La miró en la oscuridad — los ojos marrones que buscaban los suyos, el cabello suelto sobre los hombros, esa expresión que mezclaba la vulnerabilidad de alguien que admite algo difícil con la certeza de alguien que sabe exactamente lo que quiere.
Se incorporó despacio y la tomó de la mano, tirando de ella hacia la cama con suavidad.
Valentina se dejó llevar sin dudar.
Dante la recostó sobre la cama y se posicionó sobre ella sin cargar todo su peso, y la miró un momento antes