Valentina se había acostumbrado a despertarse en la cama de Dante, y en los últimos días eso había dejado de sentirse como algo excepcional para convertirse en una necesidad que no terminaba de nombrar pero que su cuerpo reconocía antes que su cabeza.
Esa mañana abrió los ojos y él no estaba. El lado de la cama donde dormía estaba frío, lo que significaba que llevaba horas levantado, y esa ausencia le dejó una incomodidad leve, persistente, como algo que debería estar y no estaba.
Se levantó, s