La llamada de Marcos llegó a las diez de la mañana mientras Dante revisaba contratos en su oficina de Ferreira Group.
Valentina estaba en el sillón frente a su escritorio con el teléfono en la mano, y cuando él contestó ella levantó la vista con esa atención nueva que había desarrollado hacia todo lo que tuviera que ver con él.
—Tenemos un problema con los Velarde —dijo Marcos sin preámbulo. —Interceptaron uno de nuestros cargamentos. No fue un accidente, fue un mensaje. Todo el material perdid