La sala era pequeña y no olía a nada.
Eso fue lo primero que Valentina registró cuando la médica cerró la puerta — que el cuarto no tenía olor, ni a hospital ni a nada reconocible, como si el espacio hubiera sido diseñado específicamente para que no hubiera nada que distrajera de lo que acababa de decirse adentro.
Estaba embarazada.
Lo repitió en silencio una vez. Solo para ver si la segunda vez cambiaba algo. No cambió nada. El dato seguía siendo el dato, instalado en el centro de una noche qu