Salió de la mansión a las cinco de la mañana sin despertar a Valentina.
La entrega estaba programada para las seis en el puerto — un cargamento que la mafia movía desde hacía tres años por los mismos canales, con los mismos contactos, con la misma coordinación que había hecho de esa operación específica algo tan rutinario que Dante había dejado de considerarla un riesgo real. Eso era lo que Isabel había calculado. Dante lo entendió después, cuando ya era tarde para que sirviera de algo.
El puer