Dante llegó del cuartel pasada la medianoche. La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz del pasillo que se filtraba bajo la puerta. Valentina estaba recostada de lado, mirándolo en silencio, con esa expresión calmada que no exigía explicaciones.
—¿Novedades de Isabel? —preguntó ella.
—Carbone no tiene contactos en Lyon todavía —respondió Dante mientras se quitaba el saco—. Mañana sabremos más.
Valentina asintió. Él fue al baño y, cuando volvió cinco minutos después y se reco