La cena en la mansión era lo mismo de siempre y completamente diferente.
No había cambiado nada visible — la mesa, las velas bajas, el vino que Valentina sirvió sin preguntar porque ya sabía cuál prefería él. Pero había algo en el aire entre los dos que llevaba días acumulándose y que esa noche tenía más peso, más presencia, como si los gestos de siempre hubieran adquirido un significado que antes no tenían.
Dante comió sin apuro. La miraba cuando ella no lo miraba a él, y cuando los ojos de lo