La noche había sido larga para Dante. La llamada a Marcos, cargada de una urgencia innegable tras la foto del cuartel, se extendió hasta las primeras luces del amanecer. La sombra de una amenaza cada vez más personal lo había mantenido despierto, y la inquietud lo había impulsado a trasladarse al cuartel en plena madrugada. Allí, en la quietud de esas horas, un nombre había resonado con la fuerza suficiente para justificar la inquietud que lo carcomía. No había tiempo para dilaciones.
—Investig