El laboratorio trabajó a capacidad completa desde esa misma tarde.
Reyes había cerrado la puerta con llave — como hacía siempre cuando el trabajo era delicado — y los hombres del cuartel que pasaban por el pasillo habían aprendido hace tiempo que esa puerta cerrada no se tocaba a menos que fuera urgente de verdad.
En los tres días siguientes el único que entró fue Valentina. Una vez por la mañana, una vez al final del día, con preguntas específicas y sin tiempo perdido. Reyes respondía con la m