Reyes llegó al cuartel a las once de la noche, con el maletín de cuero rígido que solo usaba cuando transportaba material vivo.
Dante lo esperaba en la mesa central del despacho, con los planos de distribución de los dieciséis líderes desplegados bajo la luz de los flexos. Valentina estaba a su lado, con una libreta abierta donde había anotado las especificaciones de las bodegas y los años de las cosechas que Carbone había confirmado como los preferidos de cada uno de los objetivos.
—Diez días