La mañana siguiente el cuartel operó más silencioso que de costumbre.
No era inactividad — era el silencio específico que seguía a una operación exitosa, cuando los hombres procesan lo que acaba de pasar antes de recibir las próximas órdenes. Dante llegó a las ocho con Valentina y nadie preguntó nada. Tampoco hacía falta.
Marcos los esperaba en la sala de operaciones con los primeros datos sobre la mesa.
—Diez de los once consumieron sin problema. —Abrió la carpeta. —Los efectos de alineación y