El café quedaba a diez minutos de Ferreira Group y Elena llegó puntual.
Mateo ya estaba ahí, en una mesa del fondo, con dos cafés pedidos porque sabía cómo los tomaba ella de verla en la empresa cada mañana. Cuando Elena lo vio, algo en su cara registró ese detalle aunque no lo dijo en voz alta.
Se sentó.
—Gracias por venir —dijo Mateo.
—Gracias por invitarme. —Elena tomó la taza. —Aunque tardaste bastante.
Mateo la miró.
—¿En que?
—En invitarme —Elena lo miró directo. —Llevas meses en Ferreira