Mateo llegó a la cena con el teléfono en la mano y lo dejó boca abajo sobre la mesa apenas se sentó. Era su gesto habitual para decir que estaba ahí, aunque todos sabían que su cabeza seguía en lo que fuera que había estado mirando hasta un segundo antes. Sofía ya estaba instalada, con el libro abierto junto al plato, aprovechando hasta el último minuto de luz.
—El libro no —dijo Dante al entrar al comedor.
Sofía lo cerró sin chistar, pero lo dejó en el suelo justo al lado de su silla, en esa re