La revisión de los protocolos duró cuarenta minutos.
Valentina fue punto por punto con esa precisión suya que no dejaba margen para ambigüedades, y Dante escuchó todo sin interrumpir, evaluando cada argumento con la misma frialdad con que evaluaba cualquier otra propuesta operativa. No porque los protocolos le parecieran negociables, sino porque había aprendido, en las últimas semanas, que pelear cada punto con Valentina costaba más energía de la que valía cuando ella tenía razón.
Y en la mayor