Liam debía volver. Aquella noche lo sabía con una claridad que le caló los huesos. Sin embargo, al llegar a su departamento, el sueño de encontrar respuestas se quebró, apenas vio la notificación en su computadora. Era un correo. De ella. De Amara.
Por un instante, su respiración se detuvo.
Con manos temblorosas, abrió el mensaje.
La imagen apareció primero: el ultrasonido más reciente de su bebé. Una silueta diminuta, frágil, pero llena de vida. Un pequeño ser que crecía día a día dentro de la