Sídney permanecía firme, su mirada penetrante atravesando la ventana de cristal, como si pudiera leer hasta los pensamientos más oscuros de Travis y Barry.
Cada músculo de su cuerpo estaba tenso, su respiración medida, contenida, mientras sus ojos seguían cada gesto, cada reacción. Por fin, rompió el silencio con la fuerza de la verdad:
—Esta es tu amada Leslie —dijo, su voz cortando el aire como un cuchillo afilado—. La eterna amante de mi padre desde que era una jovencita. La que se metió en t