Hospital Nexxus
Sídney estaba allí, apoyada contra la fría pared del hospital, con los brazos cruzados, observando su reloj una y otra vez.
Cada tic-tac parecía resonar dentro de su cabeza como un recordatorio del tiempo que corría, de cada segundo que pasaba sin que pudiera hacer nada.
Sus pensamientos se agolpaban:
“Debe estar bien… todo debe salir bien. No puedo fallar a lo que tengo que hacer, no ahora, no cuando todo está en juego”.
Entonces, las puertas automáticas del hospital se abrieron