Al día siguiente por la noche.
Las luces del salón de la mansión donde se celebraba la velada parpadeaban como luciérnagas sofisticadas; el murmullo de los invitados formaba una marea elegante que se abría paso entre copas de cristal y trajes caros.
Era una fiesta de socios, una reunión donde muchos harían alianzas, y otros planeaban traiciones para volverse más ricos que otros.
Pero en el fondo de la sala, bajo la luz cálida, se movía un rumor peligroso: el socio Peter Davidson sufría un proble