—¡Lo haré, apuesto! —dijo Travis con una mezcla de temor y desafío, la voz dudosa y llena de rabia, mientras las miradas de todos los presentes parecían perforarlo como dagas.
Sídney lo observó con una sonrisa fría, calculadora, una mezcla de satisfacción y diversión que le helaba la sangre.
Su rostro, apenas iluminado por la tenue luz de la sala, parecía aún más enigmático.
No había un solo gesto de duda; para ella, aquel juego era más que un simple reto: era una demostración de poder, de contr