Liam enloqueció. No había otra palabra para describir lo que le ocurrió en cuanto terminó de leer la nota de Amara y descubrió su ropa desaparecida, su perfume esfumado, su presencia arrancada de la mansión como si jamás hubiera pertenecido ahí.
Su corazón se sacudió con violencia, impulsándolo a correr sin pensar. Tomó las llaves y salió prácticamente derribando la puerta.
Condujo primero hasta la otra casa, aquella que compartieron en los primeros meses de matrimonio.
Entró sin tocar, revisó