Liam bajó del ferri con el paso acelerado, aun sintiendo el vaivén del mar en las piernas, cuando un sonido agudo perforó el aire. Primero fue un pitido lejano, luego una alarma estruendosa que retumbó en todos los altavoces del puerto. La gente alrededor se paralizó un segundo, y después el caos estalló como una ola que lo arrastraba todo.
Gritos. Pasos apresurados. Maletas cayendo. Niños llorando. Adultos empujándose. Todos corrían en la misma dirección: lejos.
Pero Liam no corrió lejos. Corri