—¿Compensarte? —repitió Andrew, atónito, como si la palabra le supiera amarga.
Beatriz lo observó con una mezcla de desprecio y triunfo, como si hubiera estado esperando ese momento desde hacía años. Sus ojos, húmedos, pero fieros, se clavaron en él con una fuerza que lo desarmó.
—Jamás podré suplir a mi hijo —escupió ella, la voz quebrada por un dolor viejo y enfermizo—. ¡Ella lo mató! Tu esposita perfecta, tu nuevo amor… por quien me dejaste sin mirar atrás.
Andrew sintió un golpe seco en el p