Liam sintió cómo su propio corazón golpeaba con tanta fuerza que parecía resonar dentro de sus oídos, ahogando todo sonido externo.
El pasillo del hospital estaba iluminado con luces demasiado blancas, demasiado frías, tan ajenas a la vida que acababa de perderse. Cada paso que daba era pesado, como si caminara cargando toneladas de culpa, miedo y una furia oscura que se le revolvía en el pecho.
Cuando llegó frente a la puerta de la habitación, se quedó quieto unos segundos. Inspiró hondo, inten