Andrew fue llevado a la sala de urgencias casi a rastras. La sangre aún manaba lentamente de la herida en su cabeza mientras el médico trabajaba con rapidez y precisión, cosiendo la piel abierta como si aquello fuera un trámite más. Andrew no reaccionó. No se quejó. No apretó los dientes. No sintió dolor.
No solo por la anestesia.
Si no porque una parte de él ya no estaba allí.
Su mente estaba lejos, atrapada en la imagen de Stelle asfixiándose bajo una almohada, en el grito ahogado que aún reso