Connor avanzó con pasos cautelosos, como si temiera confirmar lo que sospechaba desde hacía semanas. Tomó el papel entre sus manos y lo desplegó con un leve temblor. Cuando sus ojos recorrieron las primeras líneas, su expresión se desmoronó. Un suspiro roto escapó de sus labios, y alzó la mirada hacia Liam.
—Es tu hija, Liam… —dijo con voz incrédula—. Entonces… Amara no nos mintió. ¿Qué hicimos? ¡Dios, fuimos tan crueles con ella!
Las palabras de Connor cayeron como golpes sobre el pecho de Liam