Connor avanzó con pasos cautelosos, como si temiera confirmar lo que sospechaba desde hacía semanas. Tomó el papel entre sus manos y lo desplegó con un leve temblor. Cuando sus ojos recorrieron las primeras líneas, su expresión se desmoronó. Un suspiro roto escapó de sus labios, y alzó la mirada hacia Liam.
—Es tu hija, Liam… —dijo con voz incrédula—. Entonces… Amara no nos mintió. ¿Qué hicimos? ¡Dios, fuimos tan crueles con ella!
Las palabras de Connor cayeron como golpes sobre el pecho de Liam. Sintió que el mundo se inclinaba bajo sus pies.
Bajó la mirada, incapaz de sostenerla. Sus manos temblaban, y la respiración se le volvió un torbellino descontrolado.
—Es… es mi hija —murmuró, casi sin voz—. ¿Qué hice? Amara…
En el instante siguiente, Liam salió disparado hacia la puerta. Travis y Sídney apenas alcanzaron a ver cómo desaparecía entre los pasillos, movido por un impulso desesperado que lo hacía parecer una veleta azotada por la tormenta.
Sídney dio un paso atrás, sorprendida.
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