Leslie se echó a llorar.
Las lágrimas le brotaron sin control, humedeciendo su rostro maquillado, dejando surcos de rímel que se deslizaban hasta su cuello.
El sonido de su llanto llenó la habitación, rompiendo el silencio tenso que había quedado después de la discusión.
—¡Soy una mujer tan inútil! —gritó con voz entrecortada—. ¡Déjame, Travis! No mereces tener a una mujer débil.
Su voz temblaba, pero en el fondo, algo en su mirada delataba que no todo en esas lágrimas era real.
Se levantó de go