Sídney retrocedió unos pasos al ver a su exesposo.
Un escalofrío recorrió su espalda desde la nuca hasta la punta de los pies.
Su corazón se aceleró de golpe, y por un instante sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.
No podía… no debía acercarse, no ahora.
Tomar a su hijo sería demasiado arriesgado; era imposible pensar en hacerlo sin que él lo notara.
Ese niño… ese pequeño Liam era la viva imagen de Travis, con los mismos ojos, la misma forma de sonreír.
Solo una mirada y cualquiera