Al día siguiente, Liam llegó temprano a la oficina. La noche anterior había dormido muy poco; la terapia lo había dejado pensativo y, aunque no lo admitiera, la distancia emocional con Amara empezaba a pesarse en su pecho. Apenas cruzó la recepción, uno de los supervisores se acercó.
—Señor Liam, permítame presentarle a su nueva asistente. Estará supliendo a la señorita María.
Liam levantó la mirada, sorprendido.
—¿Qué pasó con María?
—Tuvo una caída fuerte, señor. Se fracturó la pierna. Estará